Siguiendo la línea del comentario del Extraño, he querido darle a esta entrada un título con nombre de videojuego, de peli de ficción o de serie animé…
Aunque muchos no lo crean, bueno… Aunque el Marc no se lo crea, yo soy una empollona. Y este exámen me lo he currado mucho, señores… Y sola, porque la Puta (que es mi profesora de violín) pasa de mí que flipas. De algún lao le tenía que venir el nombre, es o no?
Pues eso. Que la noche anterior a mi exámen hice unos bonitos programas para el concierto, con la fotillo del Turina en plan Juanito Valderrama y todo eso… y lo dejé todo preparaísimo para el día siguiente. Y no me podía dormir. Y al día siguiente:
-Goooordi… ¿qué haces dormía? ¿tú sabes que son las diez menos veinte?
Eso era mi compañera de piso.
Mierda, mierda, mierda. A las diez menos veinte tenía que estar ya en el sitio del examen, desde hacía media hora, calentando un poquito. Uno no puede llegar y tocar, esto es como en el deporte.
Mierda.
El exámen es a las 10. Y no hay taxis. ¿Y ahora qué? Con lo que me había costado preparar el exámen, y ahora iba a tener que esperar a Septiembre… (cuando digo “con lo que me había costado” lo que quiero decir es que le tengo que pagar a la pianista que me acompaña 120 libras por media hora de examen y 3 ensayos… y eso que la tía es bollo y está enamorada de mí).
Los taxis no me querían llevar, pero es normal si cuando llamas a la compañía respondes “para hace 5 minutos” a la pregunta de “para cuándo lo necesitas”. Llevaba el energúmena tatuado en la frente, hoygan. Por suerte, y es que la tuve… había un taxi esperando en la gasolinera de al lado de mi casa.
Al llegar me encuentro a la pianista bollo, que no me agobie, que no pasa nada, que todo va a ir bien. Sale el jefe de departamento, mi gran amigo Nic, y me dice que no me preocupe, que ha ido a mirar las bases y que por lo visto podía llegar hasta 15 minutos tarde (antes de suspender). “Haz como la que calienta o algo”, me dijo el buen hombre. La verdad es que estaba rarísimo, raramente agradable. Supongo que lo que estaba era disfrutando con mi desgracia, porque me odia a muerte… Pero eso es otra historia.
Al final toqué como pude, que la verdad es que soy un todo-terreno. Mis colegas dicen que no lo hubieran hecho, pero yo estaba demasiado sobada como para pensármelo. Así que ya véis, con lo agobiada que estaba yo con que me iba a poner nerviosa y tal, y al final ni nervios ni nada, iba totalmente dormida.
Si es que lo que no me pase a mí… Y juro que puse el despertador a las 7, lo juro…